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Tengo el inmenso honor de pertenecer a las filas del Tribunal Superior de Justicia del Estado de Guerrero desde hace 20 años, como Secretario de Acuerdos, Proyectista, Juez y Magistrado, amén de mis años servidos en el Poder Judicial Federal; tiempo durante el cual día tras día, he podido forjarme como un servidor público entregado a los brazos del derecho dentro del más duro e imponente crisol: La administración de justicia.
Más de dos décadas dedicado a la actividad Judicial, han nutrido mi mente y mi espíritu, con el discernimiento y comprensión necesarios, para estar en la debida aptitud de percibir al Poder Judicial del Estado de Guerrero, en su justa y apropiada dimensión.
Creo estar en la lucidez oportuna para no dejar de observar los enormes retos que nos esperan, ante las debilidades y flaquezas que el Poder Judicial Estatal ha remolcado cual fastidiosa rémora empecinada.
Deseo transmitir mi reconocimiento al Pleno del Tribunal por el voto de confianza que han depositado en mi persona; a todos los integrantes del Poder Judicial del Estado, y especialmente, al personal administrativo, quienes, como verdaderos héroes anónimos, se afanan tras bambalinas para que la mecánica jurisdiccional nunca se detenga; trabajadores que entregan su empeño y convicción, sin que les interese obtener reconocimiento a su importante labor.
Es primordial para mí otorgarles este reconocimiento, sabedor de que durante mi gestión depositaré especial interés en estos dedicados trabajadores para que encuentren el estímulo necesario a su ardua faena.
Tan valiosa en sí misma resulta la labor por la administración de la Justicia en el Estado, como trascendental es la unidad de todos los que en ella estamos inmersos.
No podemos pensar que somos más ó menos importantes, más ó menos necesarios, todos somos un conjunto de engranes que trabajamos al unísono para echar a andar la compleja maquinaria judicial; por consiguiente, la precisión y exactitud de esa gran maquinaria depende en gran medida del trabajo en equipo.
Por ello, el divisionismo se transmuta inexorablemente en un antivalor que no debe tener cabida en nuestra estructura, y consecuentemente debemos expulsarlo de nuestro antagonismo personal para privilegiar la unión y la armonía interna.
Ponderar la autonomía del Poder Judicial es claramente importante para garantizar su independencia y legitimar la libertad de la función jurisdiccional, sin embargo, independencia no significa divorcio con los demás Poderes del Estado, pues debemos recordar que somos parte integrante de un sistema republicano, y por tanto es menester que exista comunicación cordial y atenta con todos ellos, sin que signifique menoscabo de nuestra soberanía, ya que la comunicación interinstitucional es indispensable para llevar a cabo las estrategias necesarias para enfrentar los retos esperados.
Es muy añejo, pero no por eso menos legítimo, el reclamo de la sociedad guerrerense por un Poder judicial íntegro que sostenga incansable bandera de la justicia, bajo la cual se atrinchere con pasión y amor a su sociedad, la responsabilidad que se le ha conferido.
Consiente de que los tiempo han cambiado, y que la sociedad guerrerense merece ya el anhelado cambio, es que debemos afrontar con compromisos y responsabilidad los monumentales retos que nos esperan.
En consecuencia, es necesario una reforma estructural del Poder Judicial, que involucre vehementemente a todos y cada uno de quienes a él pertenecemos; desde el más modesto trabajador administrativo, hasta el magistrado presidente.
Una reforma que implique cambios trascendentales que afecten significativamente, de manera positiva y tangible el acercamiento de la justicia al gobernador.
Debemos hacer énfasis en que es urgente, acabar con el rezago tecnológico que vive el tribunal Superior, que lo ha desplazado fuera de lugar del contexto nacional, comprometiendo seriamente su confiabilidad y eficiencia.
Es necesario, implementar modelos procésales más eficientes, que brinden celeridad sin significar eficacia, involucrando a las partes del proceso, en la real dimensión de la garantía de prontitud, que a la vez permita al Tribunal dictar sus resoluciones en tiempos mas breves y por lo tanto evitar la consecuente pérdida de tiempo, esfuerzo y material consumible, de tal forma que podamos entrar en una nueva dimensión jurisdiccional donde la excelencia y la buena administración, sean parte esencial de la vida judicial.
Debemos redimensionar la función del Consejo de la Judicatura, el cual deberá concentrar su labor, al marco que la modernidad exige, otorgándole el verdadero sentido para lo cual fue creado, y a su vez garantice que los valores de honestidad, equidad y apego a la ley, sean parte inherente de la función judicial.
El Consejo de la Judicatura debe fortalecerse para hacernos recordar que un nombramiento no significa dormirse en los laureles de la placidez y el desenfado, que tampoco significa una permanencia institucionalizada, sino que implica un elevado compromiso que se debe afrontar con la debida responsabilidad a fin de hacerse merecedores de la noble actividad que desarrollan, y que con su conducta, humilde y honesta, enaltezcan el digno cargo que los inviste, debiendo incluso reemplazar las antiguas poses elitistas y mentalizarse más como un verdadero servidor público, cercano al interés de la sociedad.
Es necesario optimizar la oferta y calidad de la capacitación al personal judicial, en todos sus niveles, con especial énfasis a quienes concentran su labor en el ejercicio de la actividad jurisdiccional, con la finalidad de que realicen su misión de manera más eficaz, estandarizando el nivel de sus conocimientos con objeto de que permita a su vez unificar los criterios jurídicos que se aplican.
No deseamos ser una simple maquinaria que aplique el derecho con la impasiva frialdad que dicta la norma jurídica, si no que además anhelamos con vehemencia, a forjar un sistema de administración de justicia, que tenga como modelo de inspiración el derecho, la razón y la equidad, como único camino razonable al verdadero ideal de la justicia.
¡ Por la excelencia en la labor judicial !
¡ Por la unidad de la familia judicial !
¡ Por un vigoroso y renovado poder Judicial del Estado de Guerrero!
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